A primera hora le tocaba Geografía, como cada Jueves, justo lo que le faltaba para comenzar bien el día, aunque realmente prefería eso a la clase con “la gremblin” que le habría tocado cualquier otro día de la semana. Para colmo, él no había llegado, o a lo mejor es que directamente no iba a aparecer por ahí ese día.
Dudó, había cuatro exámenes pero, ¿y si estaba enfermo?
-“Me tenía que haber quedado en la cama…”-se dijo.
Agitó la cabeza intentado apartar aquellos pensamientos desagradables, pero tan solo consiguió que su compañera de al lado se burlara de él, acompañada por supuesto de las demás chicas que la acompañaban siempre.
Se limitó a responder con mirada de desaprobación y un mandato:
-¡¡Cállate y déjame en paz!!
Ellas le miraron sorprendidas.
-Uuu, vaya carácter, nos hemos levantado con el pie izquierdo, ¿¿ee??-inquirió una de ellas a modo de respuesta.
Él lo ignoró, no tenía día para tonterías, y no pretendía dejar que le molestasen más de lo que ya estaba, y menos tan temprano. No dormir le sentaba fatal.
El silencio se hizo en la clase a la entrada del profesor, que portaba consigo la típica carpeta verde, el libro y un mapa de España.
Todo el mundo estaba demasiado dormido a esa hora para centrarse, y él se encontraba demasiado ensimismado en sus propios pensamientos como para prestar atención a la clase. De fondo, solo oía, a modo de unas palabras lejanas, las lecciones del profesor, sin llegar a entender que era lo que decía realmente.
Y él seguía sin llegar.
Bajó la cabeza, abatido, como un cachorro que ha quedado solo, en la jaula de una tienda de animales tras ser vendidos todos sus hermanos, solo esperando que pronto aparezca alguien que quiera cuidarlo.
Más se deprimió aún cuando el profesor le hizo entrega de su último examen, no sin añadir un comentario antes de soltarlo entre sus manos:
-Bueno, podría haber estado mejor…
-“¿¿Podría haber estado mejor??”-se dijo fastidiado-“¡¡Claro que podría haber estado mejor!! ¡¡Esto es una mierda!! Encima no me toques las narices…”
Si le preguntaran, no conseguiría explicar cómo se sentía en aquel momento. Había aguantado ya dos clases, a duras penas, y maldecía que aún le quedasen otras cuatro, es más, ese era el comienzo del fin, la jornada de cuatro exámenes seguidos comenzaba y su amuleto de la suerte humano no aparecía. Le costaba creer que aunque apareciese le fuese a salir algo bien.
-“No voy a dar ni una…”-se maldijo de nuevo.
El barullo había comenzado a enloquecerlo cuando reconoció entre los comentarios de sus compañeros, algunos que le decían que su añorado hacía acto de presencia.
Se levantó casi de un salto, como un acto reflejo y sin apenas darse cuenta de que había gente alrededor mirándole con extrañeza.
Fue ahí cuando calló en la cuenta de todo lo que inconscientemente había estado pensando en esas dos horas, de las cuales no recordaba ni un solo segundo de explicación del profesor.
En otras palabras, solo había hecho caso de sus propios pensamientos.
Pero… ¿¿Y si ya no había vuelta atrás?? Acaso realmente… ¿¿se había enamorado, de ÉL??
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