Todo estaba tranquilo, demasiado tranquilo comparado con el revuelo de hacía unas horas. Se habían quedado inconscientes. No sabía que día era. Olía a medicina, alcohol y desinfectante. Reconocía ese olor. Últimamente había pasado mucho tiempo en ese tipo de habitáculos. Su única pregunta era cómo había llegado ahí. Lo único que recordaba era ruido, mucho ruido. Y humo. Humo a cantidades exageradas, producido por la pólvora de las armas y por el fuego iniciado en su casa. Le dolía la cabeza y decidió no pensar en ello.
Recordó lo que la habían enseñado días antes; “Asegura tu posición y después, empieza a cuestionarte que haces ahí.”
Entreabrió los ojos poco a poco y descubrió que sus suposiciones eran ciertas. Un hospital. Odiaba los hospitales. Siguió observando. Descubrió una cama a su lado con alguien dentro al que le costaba respirar. Se fijó más en la persona, preguntándose qué hacía en tan mal estado. Sus ojos se abrieron de la sorpresa. Un grito se congeló en su garganta. De entre todas las personas, tenía que ser precisamente esa clase de persona, precisamente de esa familia. Se puso en guardia. La familia de esa chica había atacado a su familia. Ahora lo recordaba. Pero, ¿qué le había pasado a la familia de ella? Ah, si… Los habían matado a todos. Esa misma noche, o eso creía. ¿Qué día era?
Siguió deambulando por la habitación. Había pasado una semana desde esa noche. Se preguntó cómo siendo ella tan pequeña, había acabado ahí… Tan sólo acababa de cumplir los siete años. Su entrenamiento había empezado días antes de ese ataque.
Oyó un ruido a su espalda y cuando se giró, se dio cuenta de que un niño lo había provocado. Recordaba ese niño. Era el hijo del médico al que iban cuando lo necesitaban. Siempre le había parecido un cobarde. Se escondía detrás de la bata de su padre. Lo observó más detenidamente. Era rubio, sin duda. Pero su pelo se iba oscureciendo poco a poco. Eso producía un efecto bastante extraño con mechones rubios y mechones morenos. Tenía unos ojos adorables, de color verde con un toque avellana. Se sonrojó cuando el chico la obligó a tumbarse de nuevo en la cama. Lo cierto, era que, cuando quería ese chico podía ser muy convincente. Buscó un adjetivo con el que clasificarle y a lo único que pudo encontrar fue “adorable”. Sin duda ese chico lo era. Ciel pensó que era conveniente hacerle caso así, su recuperación sería mayor.
Recordó lo que la habían enseñado días antes; “Asegura tu posición y después, empieza a cuestionarte que haces ahí.”
Entreabrió los ojos poco a poco y descubrió que sus suposiciones eran ciertas. Un hospital. Odiaba los hospitales. Siguió observando. Descubrió una cama a su lado con alguien dentro al que le costaba respirar. Se fijó más en la persona, preguntándose qué hacía en tan mal estado. Sus ojos se abrieron de la sorpresa. Un grito se congeló en su garganta. De entre todas las personas, tenía que ser precisamente esa clase de persona, precisamente de esa familia. Se puso en guardia. La familia de esa chica había atacado a su familia. Ahora lo recordaba. Pero, ¿qué le había pasado a la familia de ella? Ah, si… Los habían matado a todos. Esa misma noche, o eso creía. ¿Qué día era?
Siguió deambulando por la habitación. Había pasado una semana desde esa noche. Se preguntó cómo siendo ella tan pequeña, había acabado ahí… Tan sólo acababa de cumplir los siete años. Su entrenamiento había empezado días antes de ese ataque.
Oyó un ruido a su espalda y cuando se giró, se dio cuenta de que un niño lo había provocado. Recordaba ese niño. Era el hijo del médico al que iban cuando lo necesitaban. Siempre le había parecido un cobarde. Se escondía detrás de la bata de su padre. Lo observó más detenidamente. Era rubio, sin duda. Pero su pelo se iba oscureciendo poco a poco. Eso producía un efecto bastante extraño con mechones rubios y mechones morenos. Tenía unos ojos adorables, de color verde con un toque avellana. Se sonrojó cuando el chico la obligó a tumbarse de nuevo en la cama. Lo cierto, era que, cuando quería ese chico podía ser muy convincente. Buscó un adjetivo con el que clasificarle y a lo único que pudo encontrar fue “adorable”. Sin duda ese chico lo era. Ciel pensó que era conveniente hacerle caso así, su recuperación sería mayor.
“Alois. Alois. Alois.”
No dejaba de oír ese nombre en su cabeza. Le sonaba de algo, pero no sabía de qué. Trató de incorporarse en la cama pero algo se lo impedía. Tenía un montón de tubos a su alrededor y le costaba respirar, como si algo muy pesado le oprimiese el pecho. Tampoco logró abrir los ojos, por mucho que lo intentó le resultó imposible levantar los párpados. Comenzaba a ponerse nerviosa, no sabía que estaba pasando, por mucho que luchase con su mente no lograba recordar donde estaba ni por qué.
“Alois. Alois.”
De nuevo ese nombre resonando en sus entrañas, produciendo un eco doloroso. A quién estaban llamando, y por qué no contestaba de una vez. O, acaso… ¿La estaban llamando a ella? Intentó responder, pero no lo logró, las palabras no salían de su garganta, no podía hablar, algo se lo impedía. Sintió como una mano suave y fría acariciaba su mejilla, pálida como la nieve.
“Alois. Despierta.”
Todo comenzaba a encajar. Conocía esa voz, ya la había oído antes, estaba segura y sí, el nombre que él repetía era el suyo. Entonces… todo había terminado.
Con gran esfuerzo consiguió abrir los ojos y así encontrarse con el rostro sonriente del agradable y tímido niño. No sabía por qué estaba él allí, pero su presencia la reconfortó, aquel no era un sitio muy agradable, y sentía todo su cuerpo pesado y entumecido, aún no lograba recordar mucho. Se sentía atada y perdida, era una sensación extraña y desagradable.
El niño se acercó más a su rostro y murmuró algo; “Tranquila. Todo estará bien. Sigue descansando.”
Tras decir eso le regaló la más dulce de las sonrisas, giró sobre sus talones y avanzó hasta la cama de al lado, donde una niña de su misma edad permanecía sentada, moviendo las piernas de adelante a atrás de modo aburrido. Al verle frente a ella, paró y subió la cabeza para encararle. También la conocía a ella, esa niña era… no lograba recordarlo… Sabía que la conocía, y había algo que no le gustaba en todo eso, pero de todos modos su mente aún no reaccionaba. Cerró los ojos agotada… debería darse tiempo, el problema; no tenía paciencia.
-¡¡La mataré!!-oyó proveniente de la cama de al lado, era la niña que había visto antes.-¡¡Juro que la mataré!!
Acaso… ¿acaso hablaba de ella?
-Vamos Ciel…-murmuró dulce el niño, tan bajito que apenas pudo oírlo-No está bien decir esas cosas… una niña bonita como tú no debería desear algo como eso… Además, Alo no te ha hecho nada…
Podía imaginar su rostro amable sin tan siquiera abrir los ojos. Sí, la niña, que llevaba dos coletas en su pelo fino y castaño y vestía un pijama blanco, tan blanco como las pareces de aquella habitación, hablaba de ella… y aún, no lograba recordar por qué querría matarla.
-¡¡Claro que sí!!-bramó de nuevo, haciendo que la cabeza le doliese.-¡¡Todo es culpa suya!! ¡¡La odio!!-ahogó un sollozo.
-¿Q… Qué ee..s l-lo que… h..he he…ch…o?
No soportaba seguir ahí, tirada y callada, como si de un cadáver inerte se tratase. Necesitaba saber, necesitaba respuestas.
-¡¡Tú maldita!! ¡¡No te hagas la tonta conmigo!!-gritó de nuevo.
-Tranquilízate Ciel, no ves que…
-¡¡No me interesa!!-le cortó bajando de la cama de un salto.-¡¡No me interesa lo que le pase a ella!! ¡¡Ya debería estar muerta!!
-P..pe..ro…
-¡No!-se notaba, que no podía con la situación, el apacible niño comenzaba a perder el control de la situación, y con ello su infinita y santa paciencia.-¡¡YA BASTA!!
Ambas lo miraron asombradas.
-Ya basta chicas…-susurró tomando a Ciel por los hombros y acercándola hasta la cama de Alois para que ambas pudiesen mirarse.-Ninguna de las dos tenéis la culpa de lo que ellos hiciesen… ninguna de las dos hizo nada malo… vosotras no sois las culpables de lo que pasase entre vuestras familias… uno no elige donde y cuando nace… ni de quien… por eso… no os odiéis… ni tú Ciel, si tú Alois… no os lo merecéis…
Unas finas y cristalinas lágrimas surcaron las sonrosadas mejillas de Tsubasa, mientras las dos niñas, confundidas por semejante discurso, se observaban sin saber que decir.
-Está bien.-sentenció por fin Ciel.-Pero que quede claro que, sigue sin caerme bien.
Se dio la vuelta y volvió a la cama, dándose la vuelta para mirar hacia la puerta y así, darle la espalda a su compañera de cuarto.
El niño suspiró.
-Bueno.-sonrió.-Esto es mejor que nada.-puso la mano sobre la frente de Alois.-Ahora duerme tu también, pronto te sentirás mejor.
Y tras decir eso, y cerrar las cortinas grises del cuarto, se marchó, cerrando la puerta tras él y dejando a las dos niñas dormidas, después de haber logrado calmarlas.
No dejaba de oír ese nombre en su cabeza. Le sonaba de algo, pero no sabía de qué. Trató de incorporarse en la cama pero algo se lo impedía. Tenía un montón de tubos a su alrededor y le costaba respirar, como si algo muy pesado le oprimiese el pecho. Tampoco logró abrir los ojos, por mucho que lo intentó le resultó imposible levantar los párpados. Comenzaba a ponerse nerviosa, no sabía que estaba pasando, por mucho que luchase con su mente no lograba recordar donde estaba ni por qué.
“Alois. Alois.”
De nuevo ese nombre resonando en sus entrañas, produciendo un eco doloroso. A quién estaban llamando, y por qué no contestaba de una vez. O, acaso… ¿La estaban llamando a ella? Intentó responder, pero no lo logró, las palabras no salían de su garganta, no podía hablar, algo se lo impedía. Sintió como una mano suave y fría acariciaba su mejilla, pálida como la nieve.
“Alois. Despierta.”
Todo comenzaba a encajar. Conocía esa voz, ya la había oído antes, estaba segura y sí, el nombre que él repetía era el suyo. Entonces… todo había terminado.
Con gran esfuerzo consiguió abrir los ojos y así encontrarse con el rostro sonriente del agradable y tímido niño. No sabía por qué estaba él allí, pero su presencia la reconfortó, aquel no era un sitio muy agradable, y sentía todo su cuerpo pesado y entumecido, aún no lograba recordar mucho. Se sentía atada y perdida, era una sensación extraña y desagradable.
El niño se acercó más a su rostro y murmuró algo; “Tranquila. Todo estará bien. Sigue descansando.”
Tras decir eso le regaló la más dulce de las sonrisas, giró sobre sus talones y avanzó hasta la cama de al lado, donde una niña de su misma edad permanecía sentada, moviendo las piernas de adelante a atrás de modo aburrido. Al verle frente a ella, paró y subió la cabeza para encararle. También la conocía a ella, esa niña era… no lograba recordarlo… Sabía que la conocía, y había algo que no le gustaba en todo eso, pero de todos modos su mente aún no reaccionaba. Cerró los ojos agotada… debería darse tiempo, el problema; no tenía paciencia.
-¡¡La mataré!!-oyó proveniente de la cama de al lado, era la niña que había visto antes.-¡¡Juro que la mataré!!
Acaso… ¿acaso hablaba de ella?
-Vamos Ciel…-murmuró dulce el niño, tan bajito que apenas pudo oírlo-No está bien decir esas cosas… una niña bonita como tú no debería desear algo como eso… Además, Alo no te ha hecho nada…
Podía imaginar su rostro amable sin tan siquiera abrir los ojos. Sí, la niña, que llevaba dos coletas en su pelo fino y castaño y vestía un pijama blanco, tan blanco como las pareces de aquella habitación, hablaba de ella… y aún, no lograba recordar por qué querría matarla.
-¡¡Claro que sí!!-bramó de nuevo, haciendo que la cabeza le doliese.-¡¡Todo es culpa suya!! ¡¡La odio!!-ahogó un sollozo.
-¿Q… Qué ee..s l-lo que… h..he he…ch…o?
No soportaba seguir ahí, tirada y callada, como si de un cadáver inerte se tratase. Necesitaba saber, necesitaba respuestas.
-¡¡Tú maldita!! ¡¡No te hagas la tonta conmigo!!-gritó de nuevo.
-Tranquilízate Ciel, no ves que…
-¡¡No me interesa!!-le cortó bajando de la cama de un salto.-¡¡No me interesa lo que le pase a ella!! ¡¡Ya debería estar muerta!!
-P..pe..ro…
-¡No!-se notaba, que no podía con la situación, el apacible niño comenzaba a perder el control de la situación, y con ello su infinita y santa paciencia.-¡¡YA BASTA!!
Ambas lo miraron asombradas.
-Ya basta chicas…-susurró tomando a Ciel por los hombros y acercándola hasta la cama de Alois para que ambas pudiesen mirarse.-Ninguna de las dos tenéis la culpa de lo que ellos hiciesen… ninguna de las dos hizo nada malo… vosotras no sois las culpables de lo que pasase entre vuestras familias… uno no elige donde y cuando nace… ni de quien… por eso… no os odiéis… ni tú Ciel, si tú Alois… no os lo merecéis…
Unas finas y cristalinas lágrimas surcaron las sonrosadas mejillas de Tsubasa, mientras las dos niñas, confundidas por semejante discurso, se observaban sin saber que decir.
-Está bien.-sentenció por fin Ciel.-Pero que quede claro que, sigue sin caerme bien.
Se dio la vuelta y volvió a la cama, dándose la vuelta para mirar hacia la puerta y así, darle la espalda a su compañera de cuarto.
El niño suspiró.
-Bueno.-sonrió.-Esto es mejor que nada.-puso la mano sobre la frente de Alois.-Ahora duerme tu también, pronto te sentirás mejor.
Y tras decir eso, y cerrar las cortinas grises del cuarto, se marchó, cerrando la puerta tras él y dejando a las dos niñas dormidas, después de haber logrado calmarlas.
Se podría decir, que este fue el comienzo de todo.
Lo que realmente pasó aquella noche infernal, fue que se desató un terrible conflicto entre la familia Ruche y la Makkuin, las dos grandes casas de traficantes de armas del país, provocando así, la muerte de la mayoría de los integrantes de ambas, y logrando que los supervivientes fuesen condenados a pena de muerte. Los motivos de por qué se desencadenó tal tragedia, fueron ocultados.
En cuando a Ciel y Alois, ellas fueron salvadas por el líder de la familia Shiroi, el padre de Tsubasa, y llevadas a uno de sus hospitales privados, logrando a duras penas, salvar la vida de ambas, que en un principio estuvieron seriamente heridas.
Como consecuencia de todos estos hechos, el odio que nació entre ellas, que se culpaban la una a la otra de su desgracia, fue en los primeros meses tras la tragedia, como un aura maligna de enormes dimensiones, que las rodeaba.
La familia Shiroi, las adoptó, jurando protegerlas de cualquier peligro que las acechase. Originando así que Tsubasa madurase de un modo demasiado brusco, pasando a comportarse como su hermano mayor y guardián, a pesar de tener meses menos que ellas. Y forjando así un carácter, que para cualquiera, podría resultar pasota, o incluso hiriente, pero que para ellas, era todo dulzura.
Por supuesto, ambas chicas tuvieron que ocultar su identidad, por lo que, a pesar de conservar sus nombres, adoptaron otros apellidos, pasando a ser Ciel Hive y Alois Pauk.
Tuvo que pasar mucho tiempo tras eso, para que Alois y Ciel, dejasen de odiarse, tiempo y palabras con significados más allá de un diccionario, palabras con fuertes sentimientos ocultos, las palabras de Tsubasa. Para así, llegar hasta hoy…
Lo que realmente pasó aquella noche infernal, fue que se desató un terrible conflicto entre la familia Ruche y la Makkuin, las dos grandes casas de traficantes de armas del país, provocando así, la muerte de la mayoría de los integrantes de ambas, y logrando que los supervivientes fuesen condenados a pena de muerte. Los motivos de por qué se desencadenó tal tragedia, fueron ocultados.
En cuando a Ciel y Alois, ellas fueron salvadas por el líder de la familia Shiroi, el padre de Tsubasa, y llevadas a uno de sus hospitales privados, logrando a duras penas, salvar la vida de ambas, que en un principio estuvieron seriamente heridas.
Como consecuencia de todos estos hechos, el odio que nació entre ellas, que se culpaban la una a la otra de su desgracia, fue en los primeros meses tras la tragedia, como un aura maligna de enormes dimensiones, que las rodeaba.
La familia Shiroi, las adoptó, jurando protegerlas de cualquier peligro que las acechase. Originando así que Tsubasa madurase de un modo demasiado brusco, pasando a comportarse como su hermano mayor y guardián, a pesar de tener meses menos que ellas. Y forjando así un carácter, que para cualquiera, podría resultar pasota, o incluso hiriente, pero que para ellas, era todo dulzura.
Por supuesto, ambas chicas tuvieron que ocultar su identidad, por lo que, a pesar de conservar sus nombres, adoptaron otros apellidos, pasando a ser Ciel Hive y Alois Pauk.
Tuvo que pasar mucho tiempo tras eso, para que Alois y Ciel, dejasen de odiarse, tiempo y palabras con significados más allá de un diccionario, palabras con fuertes sentimientos ocultos, las palabras de Tsubasa. Para así, llegar hasta hoy…