2.
Tao abrió la puerta
de su apartamento para descubrir a Minseok recorriendo el sitio.
-¿Hyung? –reclamó
su atención. -¿Qué haces, hyung?
Minseok se
sobresaltó al escuchar a su compañero tan de repente.
-¡Tao! –se acercó a
él, medio corriendo. –Escucha Tao, voy a salir a buscar a Jongdae a su casa y
no puedes comerte los dulces que hay en la co…
-¡Has comprado
pastelitos! ¿Y no puedo comerlos? –le cortó el moreno haciendo pucheros.- ¿Por
qué? Sabes que me encantan los dulces…
Minseok dejó
escapar un suspiro de sus labios y se quedó observando a su compañero, que
mostraba una mirada triste y acusadora hacia su persona.
-Está bien. Puedes
coger unos pocos… Pero no demasiados. –contestó, viendo cómo cambiaba la
expresión de su amigo. –Ahora vuelvo, ¿vale?
-¡Gracias! –fue lo
último que escuchó al salir por la puerta, con la chaqueta en la mano.
Recorrió las calles
de Seúl a un paso constante para no llegar ni tarde ni demasiado pronto. Ya
había avisado a Jongdae diciendo que saldría en cuanto volviera Tao y que ya no
podría tardar mucho. Llegó al bloque de apartamentos y se quedó unos minutos
esperando antes de subir las escaleras, a su destino.
Cuando alcanzó la puerta del apartamento de Jongdae, se detuvo otro pequeño intervalo de tiempo tras haber comprobado que aún era demasiado pronto.
Cuando alcanzó la puerta del apartamento de Jongdae, se detuvo otro pequeño intervalo de tiempo tras haber comprobado que aún era demasiado pronto.
Al final se decidió a llamar a la puerta, pero
ésta se abrió de repente, dejando paso a una persona que conocía muy bien.
-¡Ah! ¡Minseok!
–exclamó, sorprendido, Jongdae. – ¡Me has asustado! Iba a esperarte abajo, para
que no tuvieras que subir… Pero ya veo que no he sido lo suficientemente
rápido.
-¡ChenChen! –se oyó
gritar por el pasillo del apartamento una voz grave, profunda. -¡Chen! Olvidas
el móvil y las llaves con las prisas… -reclamó un chico alto y rubio,
apareciendo detrás de éste.
-Hola, Kris. –sonrió
Minseok al verle.
Kris le miró
detenidamente durante un segundo que a Minseok se hizo eterno, y después dejó
que una sonrisa traviesa se dibujara en su rostro.
-Ahora comprendo a
qué venían tantas prisas… -revolvió el pelo a su compañero antes de dirigirse
al otro. –Que no vuelva muy tarde. Últimamente no descansa nada con tantos
ensayos y esfuerzo…
Esa preocupación
provocó una sonrisa en su amigo y un sonrojo por parte de su compañero de piso.
-Claro. –respondió el
mayor, posando suavemente su mano sobre el hombro de Jongdae. –No volverá más
tarde de las 10, lo prometo.
Salieron del
bloque, Minseok aún con su mano sobre el hombro del otro, y se dirigieron hacia
su casa a un paso lento, tranquilo.
Cuando llegaron cerca
del bloque vieron a un moreno, alto, caminar hacia su dirección.
-¿Tao? –Inquirió
Jongdae.- ¿Adónde va?
-No lo sé… Tal vez
haya quedado con Kris, como les hemos dejado la casa para ellos solos…
-respondió con una mirada significativa a su amigo. Sin embargo, éste le pegó
un suave puñetazo que le obligó a añadir: -Bueno, tal vez no. Ya sabes. Jugarán
a videojuegos.
-Ya vale, Minseok.
Mientras dejen mi habitación en paz a mí me da igual a quién lleve Kris al
apartamento.
Subieron en el
ascensor en un cómodo y tranquilo silencio. Cuando alcanzaron su piso, Jongdae
se dejó dirigir por Minseok a su puerta. Entraron en el pequeño apartamento y
ambos se detuvieron a quitarse los zapatos.
-Dame tu abrigo
ChenChen, puedes ir acomodándote en el salón, ahora llevo yo los dulces…
-ofreció amablemente a su huésped.
Sin embargo en vez
de dirigirse al salón, Jongdae se encaminó cogiendo los abrigos a su cuarto.
-Yo me llevo los abrigos
y tú coges la comida. –le respondió con una leve sonrisa.
Recorrió el pasillo
hasta llegar a la puerta correspondiente. Al entrar cerró tras de sí, con el
corazón bombardeando sus oídos.
Desde que había visto salir a Tao del lugar, maldijo mil y una veces a su propio compañero de piso. Seguro que lo había hecho a propósito, conocedor de sus sentimientos hacia su amigo. Casi podía ver la sonrisa de triunfo de Kris, susurrando “Lo hago para ayudarte.”.
En ese momento se arrepentía profundamente de haberle contado su secreto y confesar los sentimientos que emergían en su pecho y se deslizaban hasta sus labios, curvándolos en una sonrisa, cada vez que veía a Minseok sonreír.
Desde que había visto salir a Tao del lugar, maldijo mil y una veces a su propio compañero de piso. Seguro que lo había hecho a propósito, conocedor de sus sentimientos hacia su amigo. Casi podía ver la sonrisa de triunfo de Kris, susurrando “Lo hago para ayudarte.”.
En ese momento se arrepentía profundamente de haberle contado su secreto y confesar los sentimientos que emergían en su pecho y se deslizaban hasta sus labios, curvándolos en una sonrisa, cada vez que veía a Minseok sonreír.
-Tranquilízate, Kim
Jongdae. –se dijo a sí mismo. –Sólo son unos dulces y una película. No va a
pasar nada más hoy… Ni nunca… -su rostro se ensombreció con esas palabras.
Kim Minseok ha sido
su amigo desde que llegó a la capital. Se conocieron cuando, al entrar
apresuradamente por llegar tarde, se chocó con él. En vez de echarle la bronca
o quejarse, le sujetó para que no cayera.
Su sonrisa amable
provocó el primer vuelco de corazón de su vida. Rápidamente se hicieron buenos
amigos. Y sólo eso, amigos.
Nunca podría
confesarle las numerosas veces que había ido a clases aunque estuviera enfermo
sólo para verlo, no podría expresar la calidez que le embargaba cuando pasaba
el brazo sobre su hombro.
Suspiró y se
deslizó por la puerta, hasta sentarse en el suelo. Tras unos segundos de
silencio y reflexión, escuchó cómo le llamaban.
-¿Chen? ¿Estás
bien? –reclamó Minseok, acercándose a la habitación.
El aludido se
levantó y apresuradamente salió de la habitación para encontrarse con él.
-Vamos, vamos… Sólo
buscaba el móvil pero creo que se lo ha quedado Kris al final… -le apresuró
mientras se dirigía al salón.
-No importa.
–respondió, siguiendo a su amigo. –No tengo ninguna película que no hayamos
visto ya… ¿Qué hacemos?
-Entonces… -se
sentó (o más bien se dejó caer) en el sofá. –Hagamos zapping, ¿te parece bien?
–dedicó a Minseok una sonrisa.
Minseok acercó los
dulces y las bebidas a la pequeña mesa que descansaba delante del sofá, para
después acomodarse al lado de su amigo y pasar el brazo, extendido, por encima
de él, acercándole a sí mismo.
Jongdae se puso
rígido y se separó un poco. Últimamente se tocaban demasiado, más de lo
habitual, y le ponía sumamente nervioso. No se creía capaz de controlar el
latido de su corazón ni su expresión… La mezcla de colonia, champú y sudor eran
más perceptibles cuanto más se acercaba.
Minseok contuvo un
suspiro. No entendía qué le pasaba a su amigo, tan nervioso de repente. Sólo
quería reconfortarlo por su pérdida. Se sentó más formalmente y se hizo con el
mando en su poder, dispuesto a dejar que Jongdae se tomara su tiempo.
La tarde avanzó
lentamente entre comentarios, risas por los programas y charlas sin tema
particular.
Ahora Jongdae
estaba recostado sobre el brazo del sofá, con los párpados cayéndose por el
cansancio acumulado. Al verlo así, Minseok bajó el volumen del televisor y lo
cubrió con una fina manta hasta la cintura, intentando no perturbar su
duerme-vela.
Tras cuidar a su
amigo, se dispuso a recoger los platos y vasos, intentando no hacer ruido. En
uno de los viajes de la cocina al salón, se encontró a Jongdae sentado al borde
del sofá, frotándose los ojos suavemente y con un poco de manta atrapada
firmemente en una de sus manos.
-ChenChen…
-canturreó suavemente hasta situarse delante suya, arrodillado. –ChenChen,
¿estás muy cansado? ¿Quieres quedarte a dormir aquí en vez de volver?
–inquirió, acariciándole una mano suavemente.
-Mmmff… -se dejó
caer en sus brazos. -¿Puedo… quedarme aquí esta noche? –le respondió, dejando
que el otro pasara los brazos a su alrededor. –No me apetece nada de nada
moverme…
Minseok asintió
mientras acariciaba suavemente su cabello y su nuca, provocándole un escalofrío.
-MinMin… -susurró
Jongdae, medio dormido, incorporándose hasta quedar al mismo nivel.
Acercó su rostro
lentamente hasta el de su amigo y la punta de su nariz rozó suavemente la otra.
Respiraban el aire del mismo espacio y Minseok podía percibir el aroma de los
dulces mezclado en el aliento del otro, dejando que su cuerpo se inundase de él.
-ChenChen…
-suspiró, inclinando su cabeza, acercándose un poco más. –Chen… Es hora de ir a
dormir.
Comenzó a acariciar
el rostro de su amigo, luchando por no recorrer el camino desde la mandíbula
hasta sus labios entreabiertos. No podía dejarse llevar por el dulce e insano
deseo que sentía hacia ellos.
Empezó a separarse
de su amigo, decidido a proteger esa relación de amistad.
Sin embargo, para
Chen esa cercanía todavía era insuficiente. Quería que sus labios también se
rozaran. Deseaba sentir la calidez y la textura de su piel.
“No…”, pensó cuando
Minseok dejó de acariciarle.
“No te alejes…”,
cuando comenzó a separar sus rostros.
“Te necesito…”,
antes de abalanzarse suavemente sobre él y cumplir su deseo.
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