9 de febrero de 2013

¿Quieres unos dulces?

2.

   Tao abrió la puerta de su apartamento para descubrir a Minseok recorriendo el sitio.

   -¿Hyung? –reclamó su atención. -¿Qué haces, hyung?

   Minseok se sobresaltó al escuchar a su compañero tan de repente.

   -¡Tao! –se acercó a él, medio corriendo. –Escucha Tao, voy a salir a buscar a Jongdae a su casa y no puedes comerte los dulces que hay en la co…

   -¡Has comprado pastelitos! ¿Y no puedo comerlos? –le cortó el moreno haciendo pucheros.- ¿Por qué? Sabes que me encantan los dulces…

   Minseok dejó escapar un suspiro de sus labios y se quedó observando a su compañero, que mostraba una mirada triste y acusadora hacia su persona.

   -Está bien. Puedes coger unos pocos… Pero no demasiados. –contestó, viendo cómo cambiaba la expresión de su amigo. –Ahora vuelvo, ¿vale?

   -¡Gracias! –fue lo último que escuchó al salir por la puerta, con la chaqueta en la mano.



   Recorrió las calles de Seúl a un paso constante para no llegar ni tarde ni demasiado pronto. Ya había avisado a Jongdae diciendo que saldría en cuanto volviera Tao y que ya no podría tardar mucho. Llegó al bloque de apartamentos y se quedó unos minutos esperando antes de subir las escaleras, a su destino.

   Cuando alcanzó la puerta del apartamento de Jongdae, se detuvo otro pequeño intervalo de tiempo tras haber comprobado que aún era demasiado pronto.

   Al final se decidió a llamar a la puerta, pero ésta se abrió de repente, dejando paso a una persona que conocía muy bien.

   -¡Ah! ¡Minseok! –exclamó, sorprendido, Jongdae. – ¡Me has asustado! Iba a esperarte abajo, para que no tuvieras que subir… Pero ya veo que no he sido lo suficientemente rápido.

   -¡ChenChen! –se oyó gritar por el pasillo del apartamento una voz grave, profunda. -¡Chen! Olvidas el móvil y las llaves con las prisas… -reclamó un chico alto y rubio, apareciendo detrás de éste.

   -Hola, Kris. –sonrió Minseok al verle.

   Kris le miró detenidamente durante un segundo que a Minseok se hizo eterno, y después dejó que una sonrisa traviesa se dibujara en su rostro.

   -Ahora comprendo a qué venían tantas prisas… -revolvió el pelo a su compañero antes de dirigirse al otro. –Que no vuelva muy tarde. Últimamente no descansa nada con tantos ensayos y esfuerzo…

   Esa preocupación provocó una sonrisa en su amigo y un sonrojo por parte de su compañero de piso.

   -Claro. –respondió el mayor, posando suavemente su mano sobre el hombro de Jongdae. –No volverá más tarde de las 10, lo prometo.

   Salieron del bloque, Minseok aún con su mano sobre el hombro del otro, y se dirigieron hacia su casa a un paso lento, tranquilo.

   Cuando llegaron cerca del bloque vieron a un moreno, alto, caminar hacia su dirección.

   -¿Tao? –Inquirió Jongdae.- ¿Adónde va?

    -No lo sé… Tal vez haya quedado con Kris, como les hemos dejado la casa para ellos solos… -respondió con una mirada significativa a su amigo. Sin embargo, éste le pegó un suave puñetazo que le obligó a añadir: -Bueno, tal vez no. Ya sabes. Jugarán a videojuegos.

   -Ya vale, Minseok. Mientras dejen mi habitación en paz a mí me da igual a quién lleve Kris al apartamento.

   Subieron en el ascensor en un cómodo y tranquilo silencio. Cuando alcanzaron su piso, Jongdae se dejó dirigir por Minseok a su puerta. Entraron en el pequeño apartamento y ambos se detuvieron a quitarse los zapatos.

   -Dame tu abrigo ChenChen, puedes ir acomodándote en el salón, ahora llevo yo los dulces… -ofreció amablemente a su huésped.

   Sin embargo en vez de dirigirse al salón, Jongdae se encaminó cogiendo los abrigos a su cuarto.
   -Yo me llevo los abrigos y tú coges la comida. –le respondió con una leve sonrisa.

   Recorrió el pasillo hasta llegar a la puerta correspondiente. Al entrar cerró tras de sí, con el corazón bombardeando sus oídos.

   Desde que había visto salir a Tao del lugar, maldijo mil y una veces a su propio compañero de piso. Seguro que lo había hecho a propósito, conocedor de sus sentimientos hacia su amigo. Casi podía ver la sonrisa de triunfo de Kris, susurrando “Lo hago para ayudarte.”.

   En ese momento se arrepentía profundamente de haberle contado su secreto y confesar los sentimientos que emergían en su pecho y se deslizaban hasta sus labios, curvándolos en una sonrisa, cada vez que veía a Minseok sonreír.

   -Tranquilízate, Kim Jongdae. –se dijo a sí mismo. –Sólo son unos dulces y una película. No va a pasar nada más hoy… Ni nunca… -su rostro se ensombreció con esas palabras.

   Kim Minseok ha sido su amigo desde que llegó a la capital. Se conocieron cuando, al entrar apresuradamente por llegar tarde, se chocó con él. En vez de echarle la bronca o quejarse, le sujetó para que no cayera.

   Su sonrisa amable provocó el primer vuelco de corazón de su vida. Rápidamente se hicieron buenos amigos. Y sólo eso, amigos.

   Nunca podría confesarle las numerosas veces que había ido a clases aunque estuviera enfermo sólo para verlo, no podría expresar la calidez que le embargaba cuando pasaba el brazo sobre su hombro.

   Suspiró y se deslizó por la puerta, hasta sentarse en el suelo. Tras unos segundos de silencio y reflexión, escuchó cómo le llamaban.

   -¿Chen? ¿Estás bien? –reclamó Minseok, acercándose a la habitación.

   El aludido se levantó y apresuradamente salió de la habitación para encontrarse con él.

   -Vamos, vamos… Sólo buscaba el móvil pero creo que se lo ha quedado Kris al final… -le apresuró mientras se dirigía al salón.

   -No importa. –respondió, siguiendo a su amigo. –No tengo ninguna película que no hayamos visto ya… ¿Qué hacemos?

   -Entonces… -se sentó (o más bien se dejó caer) en el sofá. –Hagamos zapping, ¿te parece bien? –dedicó a Minseok una sonrisa.

    Minseok acercó los dulces y las bebidas a la pequeña mesa que descansaba delante del sofá, para después acomodarse al lado de su amigo y pasar el brazo, extendido, por encima de él, acercándole a sí mismo.

   Jongdae se puso rígido y se separó un poco. Últimamente se tocaban demasiado, más de lo habitual, y le ponía sumamente nervioso. No se creía capaz de controlar el latido de su corazón ni su expresión… La mezcla de colonia, champú y sudor eran más perceptibles cuanto más se acercaba.

   Minseok contuvo un suspiro. No entendía qué le pasaba a su amigo, tan nervioso de repente. Sólo quería reconfortarlo por su pérdida. Se sentó más formalmente y se hizo con el mando en su poder, dispuesto a dejar que Jongdae se tomara su tiempo.



   La tarde avanzó lentamente entre comentarios, risas por los programas y charlas sin tema particular.
   Ahora Jongdae estaba recostado sobre el brazo del sofá, con los párpados cayéndose por el cansancio acumulado. Al verlo así, Minseok bajó el volumen del televisor y lo cubrió con una fina manta hasta la cintura, intentando no perturbar su duerme-vela.

   Tras cuidar a su amigo, se dispuso a recoger los platos y vasos, intentando no hacer ruido. En uno de los viajes de la cocina al salón, se encontró a Jongdae sentado al borde del sofá, frotándose los ojos suavemente y con un poco de manta atrapada firmemente en una de sus manos.

   -ChenChen… -canturreó suavemente hasta situarse delante suya, arrodillado. –ChenChen, ¿estás muy cansado? ¿Quieres quedarte a dormir aquí en vez de volver? –inquirió, acariciándole una mano suavemente.

   -Mmmff… -se dejó caer en sus brazos. -¿Puedo… quedarme aquí esta noche? –le respondió, dejando que el otro pasara los brazos a su alrededor. –No me apetece nada de nada moverme…

   Minseok asintió mientras acariciaba suavemente su cabello y su nuca, provocándole un escalofrío.

   -MinMin… -susurró Jongdae, medio dormido, incorporándose hasta quedar al mismo nivel.

   Acercó su rostro lentamente hasta el de su amigo y la punta de su nariz rozó suavemente la otra. 
Respiraban el aire del mismo espacio y Minseok podía percibir el aroma de los dulces mezclado en el aliento del otro, dejando que su cuerpo se inundase de él.

   -ChenChen… -suspiró, inclinando su cabeza, acercándose un poco más. –Chen… Es hora de ir a dormir.

   Comenzó a acariciar el rostro de su amigo, luchando por no recorrer el camino desde la mandíbula hasta sus labios entreabiertos. No podía dejarse llevar por el dulce e insano deseo que sentía hacia ellos.

   Empezó a separarse de su amigo, decidido a proteger esa relación de amistad.

   Sin embargo, para Chen esa cercanía todavía era insuficiente. Quería que sus labios también se rozaran. Deseaba sentir la calidez y la textura de su piel.

   “No…”, pensó cuando Minseok dejó de acariciarle.

   “No te alejes…”, cuando comenzó a separar sus rostros.

   “Te necesito…”, antes de abalanzarse suavemente sobre él y cumplir su deseo.

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