¡Hola~! Aquí está la redacción de esta semana. La frase con la que tocaba escribir está en cursiva. Espero que os guste y comentad mucho :3
1.
Apenas se abrieron las puertas de la empresa se vio entrar a
un chico alto. Corría todo lo que se podía en una empresa siempre atestada,
intentando no chocarse con sus superiores. Se detuvo frente al abarrotado
ascensor y, tras unos segundos de cavilación, decidió subir por las escaleras.
Cuando llegó al aula de canto descubrió que el profesor aún no había llegado. Suspiró de relajación. De repente sintió el peso de una mano caer sobre su hombro y dio un respingo.
-¡Minseok-hyung!–exclamó al ver al poseedor de esa mano. Era un chico de su misma altura, con una cara tan redonda que parecía un pastelito de carne chino. –Me has asustado…
-Otra vez llegas tarde, Jongdae…–fue lo único que recibió como respuesta. –Hoy estás de suerte; tenemos la primera hora libre por asuntos personales del profesor.
¿Tiempo libre? Perfecto, era justo lo que necesitaba para poder recuperar el aliento tras semejante carrera. Dejó su mochila en una esquina de la sala, ya medio vacía, y se percató que aún agarraba un sobre en su mano. Era una carta de sus padres. La había cogido antes de salir de casa para leerla cuando tuviera tiempo. Se sentó junto a sus pertenencias y comenzó con la labor.
Cuando llegó al aula de canto descubrió que el profesor aún no había llegado. Suspiró de relajación. De repente sintió el peso de una mano caer sobre su hombro y dio un respingo.
-¡Minseok-hyung!–exclamó al ver al poseedor de esa mano. Era un chico de su misma altura, con una cara tan redonda que parecía un pastelito de carne chino. –Me has asustado…
-Otra vez llegas tarde, Jongdae…–fue lo único que recibió como respuesta. –Hoy estás de suerte; tenemos la primera hora libre por asuntos personales del profesor.
¿Tiempo libre? Perfecto, era justo lo que necesitaba para poder recuperar el aliento tras semejante carrera. Dejó su mochila en una esquina de la sala, ya medio vacía, y se percató que aún agarraba un sobre en su mano. Era una carta de sus padres. La había cogido antes de salir de casa para leerla cuando tuviera tiempo. Se sentó junto a sus pertenencias y comenzó con la labor.
• • • • •
(Minseok)
Estaba absorto
observando cómo le cambiaba la cara a su mejor amigo (y pequeño amor platónico),
según iba leyendo lo que parecía una carta. Al principio la leía con la
curiosidad que provoca el tener correo. Según iba avanzando en su lectura, la
sonrisa en sus labios se hacía más amplia, llegando a escaparse algunas
pequeñas risas por lo que le relataban. Pero estas desaparecieron cuando llegó
al final de la hoja.
Los ojos de su querido amigo se volvieron brillantes debido al reflejo que provocaba la humedad en ellos. Lo observó levantarse y salir precipitadamente de la habitación, dejando el papel ahí.
Preocupado por lo que había leído, Minseok se levantó y cogió la hoja de papel entre sus manos. Era una carta y parecía de sus padres. Los había visto alguna vez en fotos que Jongdae le había enseñado. Normalmente las recibía en cartas como aquella, todas semanales.
Se preguntó si lo leerla sin permiso molestaría a su compañero, pero la preocupación borró todo rastro de duda y comenzó con la lectura.
Casi todo eran noticias y hechos divertidos que le habían acontecido a su familia esa semana. Podía imaginarse a los padres riendo al escribir esos hechos.
Alcanzó al punto que había dejado tan consternado a su amigo:
“Postdata: Tu gato ha muerto…”.
Abrió los ojos de forma desmesurada. Jongdae adoraba a su gato, prácticamente estaba enamorado de ese animal. Se lo había encontrado cuando volvía del funeral de su abuela cuando tenía quince años. Como si ella lo hubiera mandado a que le cuidase. Desde entonces habían estado siempre juntos. Hasta que tuvo que mudarse a la capital para cumplir con su sueño de ser cantante.
Si alguna vez ibas a la habitación de Jongdae, te encontrarías con muchas, muchísimas fotos. Había fotos de él, de su familia o sólo del gato por todos lados. Era un gato callejero realmente precioso. Su pelaje era negro como el carbón, a excepción de las patas, que tenían calcetines blancos. Sus ojos eran azul límpido, más bonito que el del cielo en un día despejado.
Los ojos de su querido amigo se volvieron brillantes debido al reflejo que provocaba la humedad en ellos. Lo observó levantarse y salir precipitadamente de la habitación, dejando el papel ahí.
Preocupado por lo que había leído, Minseok se levantó y cogió la hoja de papel entre sus manos. Era una carta y parecía de sus padres. Los había visto alguna vez en fotos que Jongdae le había enseñado. Normalmente las recibía en cartas como aquella, todas semanales.
Se preguntó si lo leerla sin permiso molestaría a su compañero, pero la preocupación borró todo rastro de duda y comenzó con la lectura.
Casi todo eran noticias y hechos divertidos que le habían acontecido a su familia esa semana. Podía imaginarse a los padres riendo al escribir esos hechos.
Alcanzó al punto que había dejado tan consternado a su amigo:
“Postdata: Tu gato ha muerto…”.
Abrió los ojos de forma desmesurada. Jongdae adoraba a su gato, prácticamente estaba enamorado de ese animal. Se lo había encontrado cuando volvía del funeral de su abuela cuando tenía quince años. Como si ella lo hubiera mandado a que le cuidase. Desde entonces habían estado siempre juntos. Hasta que tuvo que mudarse a la capital para cumplir con su sueño de ser cantante.
Si alguna vez ibas a la habitación de Jongdae, te encontrarías con muchas, muchísimas fotos. Había fotos de él, de su familia o sólo del gato por todos lados. Era un gato callejero realmente precioso. Su pelaje era negro como el carbón, a excepción de las patas, que tenían calcetines blancos. Sus ojos eran azul límpido, más bonito que el del cielo en un día despejado.
Salió del aula en busca de su compañero, preguntándose dónde comenzar. Tras pensarlo un rato, se decidió por la azotea. Fue al ascensor, sabiendo ya que seguramente tendría que coger las escaleras. Exacto. Demasiada gente subiendo y bajando.
Llegó a la azotea respirando de forma irregular, cansado de subir tantos pisos. Diez, para ser exactos. Se recostó contra el marco de la puerta y buscó con la mirada a su amigo. Lo encontró en una esquina, hecho una bola. Los brazos abrazando las piernas y la cabeza metida en el hueco que dejaban.
Se acercó a él sin prisa, extendiendo lentamente su mano hacia él. Acarició suavemente su pelo mientras se sentaba a su lado. Jongdae no dio muestras de nada. Tal vez se hundió un poquito más en su escondite.
-ChenChen~ -le
llamó con voz cantarina y suave. Le gustaba llamarle de esa forma cariñosa.
Como no obtuvo respuesta volvió a intentarlo. –ChenChen, ¿sabes qué compré ayer
en la pastelería~?
Silencio como respuesta. Otra vez. No se dio por vencido y volvió a intentarlo.
-Compré unos pasteles. Tenían muy buena pinta se me antojaron. Pero, -continuó hablando a la par que acariciaba el cabello y la nuca del otro. –creo que compré demasiados y no puedo acabar con todos antes de que se estropeen… -infló sus mofletes en un puchero al decir esas palabras.
Escuchó cómo el
otro contenía una carcajada y se giró hacia él para redescubrir la sonrisa más
bonita que conocía. Se sintió aliviado, no sabía qué habría hecho si su
tontería con los dulces no funcionaba.
-MinMin… -le encantaba llamarlo de esa forma y, aunque no fuera muy respetuoso, al mayor no parecía importarle. Le gustaban esas confianzas que se tomaban. –No deberías comer tantos o tu cara se volverá más redonda de lo que ya es.
-Ya lo sé, ChenChen. –respondió intentando aguantarse la risa. -Por eso quiero que vengas hoy a mi apartamento y los comas conmigo, ¿me harías ese favor?
-¿Y por qué no se lo pides a tu compañero de piso? Yo diría que a Tao le gustan los dulces.
-Pues porque… -buscó rápidamente una respuesta rápida y creíble. –Porque con el entrenamiento de wushu y los ensayos de baile no quiere comerlos.
¿Funcionaría? Observó a su compañero mientras esperaba por la respuesta. Jongdae estaba mirando hacia el infinito. ¿Tal vez no aceptase?
-Está bien. –aceptó con una sonrisa. –Vale, me apetecen cosas dulces. ¿Cuándo quieres que vaya?
Minseok le regaló una de sus mejores sonrisas y le revolvió el pelo.
-Iré a buscarte a tu apartamento, después de los ensayos. –así, pensó, tendría tiempo de ir a la pastelería y comprar esos dulces que no tenía.
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