Ha sido un día de perros y lo único que quiero es llegar a casa. El examen de la semana pasada me había salido horrible, con una nota inferior al 3'50 sobre 10, y después de haberme burlado tantas veces de los profesores en sus caras me han castigado numerosas veces a quedarme a la séptima hora. Sin darme cuenta, suspiré por enésima vez en el día de hoy. Todo esto era culpa mía y lo sabía. Y sabía que era por no estar centrado, por estar en las nubes, en otro sitio... Y sabía en qué lugar estaban mis pensamientos, exáctamente en quién. Anaïs. Una persona orgullosa pero sensible, generosa pero fuerte, leal e insegura,con un carácter artístico y muy comprometida, y rara. Sobretodo rara. Ese carácter no lo podías adivinar nada más verla, porque su físico engañaba. Con una pelo largo y ondulado que caía sobre una espalda recta y esbelta, le resaltaba una tez blanca bajo unos ojos negros cubiertos por unas pestañas largas, de nariz afilada y labios rosa pálido. Y cuando sonreía se ponían a la vista unos dientes blancos como perlas (todo un cliché). Sin duda la más bonita de las sonrisas que he visto, que rara vez le mostraba a aquellos que no eran cercanos. Y yo tengo la fortuna de verla todos los días. Porque yo soy uno de sus más cercanos. Tengo esa mala suerte de ser su "mejor amigo". Pero no me quejo, porque aunque no puedo declararle mis más profundos y sinceros sentimientos, tengo la oportunidad de pasar con ella los mejores de los momentos. Puedo ser su apoyo en sus peores momentos, soy el causante de sus sonrisas y carcajadas, su compañero de aventuras y soy aquél al que ella se abraza y coge su mano cuando tiene miedo. Sé que podría decirle todo lo que pienso sobre ella pero eso, querido espectador de ésta, mi historia, sería perder todo lo que tengo de ella, porque mis sentimientos no son recíprocos.
Hoy no era un buen día, más bien, hace una semana que no son buenos días. Anaïs lleva mucho tiempo evitándome. Puede que sea mi imaginación, pero yo no lo creo así. La conozco y sé que me evita. Ignoro el motivo. Y mientras estos pensamientos rondaban mi cabeza, no me había dado cuenta de que ya había llegado a mi casa, entrado en mi habitación y tirado la mochila al suelo. Paseé la vista por mi habitación. No era un lugar muy grande, pero tampoco pequeño; era espacioso. Las paredes de azul claro estaban cubiertas por pósters de héroes de cómics americanos (Capitán América, Batman...) y de grupos de música (System of a down, Three Days Grace, Lordi...), la mayoría conseguidos en exposiciones anuales. El techo tenía una lámpara de tres bombillas que iluminaban una serie de planetas y estrellas colgantes. La ventana, ámplia y corredera estaba tapada por unas cortinas oscuras. Mi cama, llena de libros, estaba sin hacer y la estantería de los libros, medio vacía. El armario estaba repleto de pósters de mangas y animes, en especial One Piece y Ao no Exorcist. Y los mangas de esas series descansaban sobre mi mesa de estudio, con el portátil al lado. No me apetecía hacer nada así que me senté en mi silla y cogí el último tomo de Orphen, que me había regalado Anaïs. A pesar de haber estado esperando por él mucho tiempo, lo dejé poco después de empezarlo y me recosté sobre mis brazos en la mesa. Y sin darme cuenta, caí dormido en un profundo sueño.
Hoy no era un buen día, más bien, hace una semana que no son buenos días. Anaïs lleva mucho tiempo evitándome. Puede que sea mi imaginación, pero yo no lo creo así. La conozco y sé que me evita. Ignoro el motivo. Y mientras estos pensamientos rondaban mi cabeza, no me había dado cuenta de que ya había llegado a mi casa, entrado en mi habitación y tirado la mochila al suelo. Paseé la vista por mi habitación. No era un lugar muy grande, pero tampoco pequeño; era espacioso. Las paredes de azul claro estaban cubiertas por pósters de héroes de cómics americanos (Capitán América, Batman...) y de grupos de música (System of a down, Three Days Grace, Lordi...), la mayoría conseguidos en exposiciones anuales. El techo tenía una lámpara de tres bombillas que iluminaban una serie de planetas y estrellas colgantes. La ventana, ámplia y corredera estaba tapada por unas cortinas oscuras. Mi cama, llena de libros, estaba sin hacer y la estantería de los libros, medio vacía. El armario estaba repleto de pósters de mangas y animes, en especial One Piece y Ao no Exorcist. Y los mangas de esas series descansaban sobre mi mesa de estudio, con el portátil al lado. No me apetecía hacer nada así que me senté en mi silla y cogí el último tomo de Orphen, que me había regalado Anaïs. A pesar de haber estado esperando por él mucho tiempo, lo dejé poco después de empezarlo y me recosté sobre mis brazos en la mesa. Y sin darme cuenta, caí dormido en un profundo sueño.
de ésta, mi historia
ResponderEliminarFeel like Juan Cuesta xDD